Cuatro poemas: Martin Vest
Martin Vest vive en Pocatello, Idaho. Ha publicado los cuadernos Dark Night of the Sybil (1998) y Swimming the Eclipse (2002), así como los libros Painting the Dead (2003) y Ghost in the Bloody Show (2004). Aquí se pueden leer algunos de sus poemas en inglés.
... SOBRE LOS CONEJOS
Me gustaría decir
que no te amé—
pero la verdad
es peor.
Mi conciencia está doblegada
por la rareza y el apetito—
y el amor
sin conciencia
no es otra cosa que Lenny cuando
acaricia un bolsillo de ratones;
implacable
y maravillado,
como si cada minúscula muerte
fuera la primera...
(Del cuaderno La noche oscura de la Sibila, 1998)
EL CANAL DEL CLIMA
Ella cocina apenas para crear
platos lavables
en esa maldita cocina,
traqueteos y estrépitos
desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche.
Va dando pisotadas por la casa
como si fuera Kong,
con lo cual envía una onda sísmica
a través de cada cerveza a medio beber
que hay sobre la mesa.
Ella maldice un nudo
que se ha formado en los hilos de su bordado—
¡Enderesate grandísimo
hi-jue-pu-ta!
deja una gota de su sangre
en cada tapete, en cada guante,
en cada cena.
Ella desdobla su más reciente colcha.
La carga estática hace un chasquido
de tormenta a través del suelo—
sábanas eléctricas, las llama mi padre.
Él se cobija en su silla favorita,
sin prestar atención
a los truenos...
ALGO TIENE UN HOMBRE
Algo tiene un hombre
que lee un periódico ardiente
en la mesa del comedor.
Debe estar ciego o, si no,
¿cómo podría seguir leyendo?
Debe tener familia, este hombre,
o si no ¿quién le dirá buenas noches?
¿Cómo sabría él cuando es hora
de apagar el periódico
e irse a dormir?
¿Y qué me dicen de la candela
que empezó todo—
el centro de mesa casero
hecho de cera con aroma a lluvia—
el aguacero centelleante al final de la mecha?
¿Por cuánto tiempo debe practicar una esposa
balancear una nube en la punta de su dedo?
¿Cuán quieta debe estarse ella, cuán firme?
Algo tiene un hombre,
con su piernas cruzadas,
un calcetín negro caído
y arrollado sobre su reluciente zapato,
cuando la cara de su reloj
refleja casualmente la llama:
se requiere más que boletines incendiados
para distraerlo a él de sus noticias.
(Del libro Pintando a los muertos, 2003)
VIDAS VIVIDAS...
Ves una foto de la Aguja Espacial de Seattle
en la parte de atrás de un paquetito de azúcar
y algo en el sonido de espacial y aguja
te recuerda a los Jetsons,
los de las caricaturas de los sábados por la mañana,
comiendo cereal Apple-Jack:
Apple-jack,
y ahora estás pensando en brandy y en licores
y en cómo tu matrimonio se deshizo
un día de primavera cuando tenías veintinco años.
Pensás en lo hermosa que se hizo tu esposa
después que te dejó—
en cómo entró al bar una noche,
rodeada de nuevos amigos,
de nuevo delgada, devuelta a la juventud
con avispas de orgullo en lugar de ojos,
a sabiendas de que tu dolor
se tejería solo en cada abril hasta que,
finalmente, confundirías tu sufrimiento
con el brotar de las flores.
Pero de pronto "sufrimiento" te recuerda
al Joven Werther
y ahora te vas a la deriva hasta Alemania
lo cual te recuerda a los Nazis
lo cual te recuerda a las tropas de asalto
lo cual te recuerda a la Guerra de las Galaxias
lo cual te recuerda a Reagan...
Mudás mil pieles de pensamiento
como trozos de celofán en las colinas
hasta que llega la camarera a llenar tu taza.
"Parece que estuvieras contempando el universo",
dice ella, sonriendo.
"No", te reís vos. "Es que me espacié un toque".
Ella se va y algo en el espacio
te hace pensar en un paquetito de azúcar.
(Del libro: El fantasma en el sangriento espectáculo, 2004)





