viernes 4 de diciembre de 2009

José Emilio Pacheco: Premio Cervantes 2009


Esta semana le fue concedido el Premio Cervantes a José Emilio Pacheco y, aunque no salimos muy pronto a celebrar porque el tiempo nos apremia con otras demandas, la verdad es que este Café Verlaine está de plácemes. Así que nada, ¡celebramos!

NUEVO ORDEN

Lo acumulado se rebela en caos,
secuestro bajo la muchedumbre ingobernable
de papeles y objetos.

No hay que rendirse al pasado
sino echar por la borda el lastre.

Lo que fue hecho para frenar el instante
se transforma en cadáver de aquel instante.

Vivir ligeros, sin souvenirs, sin archivos.
Lo que ha sido se ha ido.
Ya se fue.

El mañana
vendrá como quiera y sin miramientos.

Sobre todo sin miramientos.



De: ASTILLAS

RETRATOS

Nada fija el instante:
en el retrato
se mueren más los muertos.


ESCRITURA

Consuelo de la letra:
la hosca vida
encerrada en algunos signos.


COLIBRÍ

El colibrí es el sol,
la flor del aire
entre las dos tinieblas.


SILVER SPRING

En el bosque otoñal
ramas desnudas
esperando la nieve.


CIVILIZACIÓN

La mente dice: quiero;
el cuerpo: dame.
(La conciencia aparta la vista.)


POSMODERNIDAD

La supercarretera hacia la nada.
A la orilla
el cementerio de automóviles.


BERWYN HOUSE

En el silencio cae la nieve.
Arde la luz.
Vuelve a ser paraíso el mundo.



LA ESTACIÓN TOTAL

A la memoria de Joseph Brodsky

Otoño extraño, la estación total
en que los meses se concentran
para esperar su renovada muerte
y su otro nacimiento del que no somos parte.

El yermo otoño nos regala el don
de los poemas, precio del silencio
y la esterilidad que se prolonga
de enero a octubre.

Y una noche súbita
llegan unos tras otros,
todos de golpe.

Son, insisto, dones.
Hay que esforzarse para merecerlos.

(Poemas originales de José Emilio Pacheco.)

viernes 20 de noviembre de 2009

Dos poemas: Kate Northrop


Kate Northrop vive en Pennsylvania. Ha publicado los poemarios Back Through Interruption (2002) y Things Are Disappearing Here (2007).


TRES MUJERES

1. Norte

Aquí las estrellas son demasiado precisas
          demasiado puras—perforan el cielo

y no tengo que mirar para saber que cada una
destella en la ventana. Una vez,

cuando vivíamos juntos
          en la ciudad, yo daba cenas;
podía mirar cosas, por ejemplo a la gente, las flores,

y un retoño era un retoño,

no una tragedia, no un volante de papel
alojado en el tiempo, y así, tragado entonces,
          olvidable. ¿Te das cuenta de lo harta que estoy

del panorama? Incluso, aquí, especialmente aquí, siempre es
mi mente la que mira,

es mi mente la que espera cualquier cosa,
          una llegada, un evento súbito,

un corte, o un llanto capaz de romper
lo incesante de todo esto. Ya veo por qué
te cansé,

pero yo también estaba cansada de mentir, Veo estos campos;
veo que no hay un arco narrativo, no hay subí, subí, subí, ni siquiera
un vos, un lugar quieto

para poner cosas. Sólo estrellas,
túneles, este mes, este cuarto—


2. Praga

Donde quiera que vaya, llevo la noche.

Soy el dolor de las flores que se abren con el crepúsculo,
dolor de pasadizos y botellas,
de gatos que desaparecen entre el seto susurrante.

Soy la cara que viste una vez cerca de la lámpara en la ventana,
—esa que casi te pertenecía,

o el súbito llanto proveniente del cuarto en el último piso
y más adentro, el ático, y luego el dolor del crepúsculo.

Donde quiera que vaya, soy adorable, y adorable,
trae fardos: dulzura, edad, noche.


3. La esposa perdida

Si tan sólo nuestra historia no fuera
          tan ordinaria: primero,

el dolor pierde su corte, su perfecta

especificidad, luego los nombres
          se disuelven, incluso aquellos que sabía para vos

y para nuestros lugares.
          Un anhelo —sin clara
definición— invade

como el olor del heno
          el cual, al ascender sobre un campo
recién segado asciende también

sobre aquellos por los que hemos cabalgado, rocío

en las borrosas montañas. Sólo la fragancia
          viaja entre los mundos. Las cosas reales

se rehúsan a ser llamadas de vuelta. Aún así es extraño,

ya no debería ser capaz
de recordarte, a vos que tan a menudo estuviste
conmigo. Adentro de la casa,

en otros países. Cuando dormía,

conocía el peso de tu pierna
          sobre la mía. Siempre había querido
estar ahí: bien

sujetada. Y esto es lo que sucede:

yo misma me he convertido en una fragancia que
          se mueve por el bosque, un cambio
—aunque sea leve— en el aire cálido y húmedo.




AHORA SOBRE EL APARTAMENTO VACÍO

Vos en la puerta mirás hacia atrás
          y ya no estás ahí,

a pesar de que este fue el pasillo
          por el que caminaste tantas veces
pensando bueno, ¿y qué?—despierta

          en medio de la noche—

y esa es la ventana por donde el cielo se retiraba y llegaba la noche,

          por donde ingresaban con destellos,
según su horario, los aviones desde el Oeste—

          Tu mano estaba cerrando la persiana
y las mañanas, tu mano la levantó de nuevo

aunque ya no estás ahí, vos en la puerta repasando los días,
          pasando como pasa una ola, o sea

por ningún lado, ¿y ahora todos tus amantes? ¿Los reales,
          los imaginados? ¿Los tristes
y satisfechos supiros?

            Mientras tanto,
por las tardes, ¿no había algo
          que llamaba calladamente,

algo afuera en la luz marginal,

en el vapor por el que
          las caras de los pasajeros se borraban

y parpadeaban? Esa breve
          corriente de río, insistente

bajo el estruendo del televisor, debajo tuyo también, en la superficie

llena de direcciones, con fotos & libros. Vos poblaste el lugar,
          vos en la puerta

la que mira ahora hacia atrás—sobre el pasillo, el brillo
          del piso incesante—

no podés ya estar segura

de ser en realidad la misma persona que tuvo ese cuerpo
          y en él vivió días aquí metida.


(Del libro Things Are Disappearing Here. Pesea Books, 2007. Traducción de G. A. Chaves, 2009)

jueves 12 de noviembre de 2009

Cuatro poemas: Martin Vest

Martin Vest vive en Pocatello, Idaho. Ha publicado los cuadernos Dark Night of the Sybil (1998) y Swimming the Eclipse (2002), así como los libros Painting the Dead (2003) y Ghost in the Bloody Show (2004). Aquí se pueden leer algunos de sus poemas en inglés.





... SOBRE LOS CONEJOS

Me gustaría decir
que no te amé—
pero la verdad
es peor.
Mi conciencia está doblegada
por la rareza y el apetito—
y el amor
sin conciencia
no es otra cosa que Lenny cuando
acaricia un bolsillo de ratones;
implacable
y maravillado,
como si cada minúscula muerte
fuera la primera...

(Del cuaderno La noche oscura de la Sibila, 1998)



EL CANAL DEL CLIMA

Ella cocina apenas para crear
platos lavables
en esa maldita cocina,
traqueteos y estrépitos
desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche.
Va dando pisotadas por la casa
como si fuera Kong,
con lo cual envía una onda sísmica
a través de cada cerveza a medio beber
que hay sobre la mesa.
Ella maldice un nudo
que se ha formado en los hilos de su bordado—
¡Enderezate grandísimo
hi-jue-pu-ta!

deja una gota de su sangre
en cada tapete, en cada guante,
en cada cena.
Ella desdobla su más reciente colcha.
La carga estática hace un chasquido
de tormenta a través del suelo—
sábanas eléctricas, las llama mi padre.
Él se cobija en su silla favorita,
sin prestar atención
a los truenos...



ALGO TIENE UN HOMBRE

Algo tiene un hombre
que lee un periódico ardiente
en la mesa del comedor.
Debe estar ciego o, si no,
¿cómo podría seguir leyendo?
Debe tener familia, este hombre,
o si no ¿quién le dirá buenas noches?
¿Cómo sabría él cuando es hora
de apagar el periódico
e irse a dormir?
¿Y qué me dicen de la candela
que empezó todo—
el centro de mesa casero
hecho de cera con aroma a lluvia—
el aguacero centelleante al final de la mecha?
¿Por cuánto tiempo debe practicar una esposa
balancear una nube en la punta de su dedo?
¿Cuán quieta debe estarse ella, cuán firme?
Algo tiene un hombre,
con sus piernas cruzadas,
un calcetín negro caído
y arrollado sobre su reluciente zapato,
cuando la cara de su reloj
refleja casualmente la llama:
se requiere más que boletines incendiados
para distraerlo a él de sus noticias.

(Del libro Pintando a los muertos, 2003)



VIDAS VIVIDAS...

Ves una foto de la Aguja Espacial de Seattle
en la parte de atrás de un paquetito de azúcar
y algo en el sonido de espacial y aguja
te recuerda a los Jetsons,
los de las caricaturas de los sábados por la mañana,
comiendo cereal Apple-Jack:
Apple-jack,
y ahora estás pensando en brandy y en licores
y en cómo tu matrimonio se deshizo
un día de primavera cuando tenías veintinco años.
Pensás en lo hermosa que se hizo tu esposa
después que te dejó—
en cómo entró al bar una noche,
rodeada de nuevos amigos,
de nuevo delgada, devuelta a la juventud
con avispas de orgullo en lugar de ojos,
a sabiendas de que tu dolor
se tejería solo en cada abril hasta que,
finalmente, confundirías tu sufrimiento
con el brotar de las flores.
Pero de pronto "sufrimiento" te recuerda
al joven Werther
y ahora te vas a la deriva hasta Alemania
lo cual te recuerda a los nazis
lo cual te recuerda a las tropas de asalto
lo cual te recuerda a la Guerra de las Galaxias
lo cual te recuerda a Reagan...
Mudás mil pieles de pensamiento
como trozos de celofán en las colinas
hasta que llega la camarera a llenar tu taza.
"Parece que estuvieras contempando el universo",
dice ella, sonriendo.
"No", te reís vos. "Es que me espacié un toque".
Ella se va y algo en el espacio
te hace pensar en un paquetito de azúcar.

(Del libro: El fantasma en el sangriento espectáculo, 2004)

lunes 9 de noviembre de 2009

Si bastasen un par de canciones: Berlín 1989


PLAY. Hoy miles de almas se hacen el amor en Berlín. Invaden las calles, todas con un sólo fin: cambiar de una vez la historia del mundo para ver mejor el 2000.

STOP. FAST FORWARD. STOP.

PLAY. Una mujer en la radio habla de Revolución cuando ya le ha pasado por enfrente. Bob Dylan no tuvo esto para cantarlo. ¿Sabés qué? Se siente bien estar vivo... STOP.

Un carajillo egocéntricamente tímido regresa a casa después de la escuela y los adultos están viendo las noticias. Ya es de noche en alguna parte y hay gente martillando un muro. En el cuarto de adentro, una tía sigue pasando la plancha monótonamente sobre una ropa recién secada, mientras en su televisor se desarrolla una telenovela con una trama más urgente y cercana que la Guerra Fría.

¿En qué andaba pensando yo cuando tenía diez años? De seguro no estaba preocupado por Berlín ni sabía quién era Ceauşescu. No podía, en ese momento y en esas circunstancias, adivinar lo que ese Muro significaría para las dos décadas siguientes de mi vida. Probablemente tampoco ahora lo comprendo. Tal vez el Muro no tuvo nada que ver y yo siempre estuve predestinado a esta bipolaridad de los recuerdos.

Faltaban muchos años para que llegara a saber quiénes eran Pink Floyd y por qué tenían que cantar al lado del Muro. Casi lo mismo que faltaba para que me diera cuenta de que eran falsos aquellos vientos de cambio. Poco a poco los fragmentos de ese tiempo se han ido recomponiendo. Me sigo preguntando si, en caso de haber estado yo entre esas multitudes, habría sido de los que se manifestaban por la libertad o de los que por décadas la habían reprimido. De las fronteras he aprendido ya que nacer en cualquiera de sus lados es un accidente demasiado trivial como para que defina sempiternamente las vidas de todos a los que ha separado.

Las cosas no mejoraron mucho para el 2000, como quería Miguel Mateos. Sin embargo, sé que yo no sería quien soy si ese Muro no hubiera caído. Los detalles son privados y molestos. Pero así son estas historias.

PLAY. Vi llegar la decada en que parecía que el mundo podía cambiar con el guiño de un ojo. He ahí, si acaso, un signo de nuestro tiempo. STOP.

El día llegó en que el carajillo hiper-tímido se convirtió en un adolescente interesado en el mundo exterior. Poco a poco fue saliendo de sí mismo. Entre las cosas que lo ayudaron, cabe mencionar la música de Jesus Jones.

Cada día es un volver a apretar PLAY en el reproductor de encuentros y desencuentros que hace sonar con manía el mundo. Y así hasta que la cinta del tiempo se acabe.

Yo estaba vivo ese 9 de noviembre de 1989. Y aquí sigo esperando... Aquí y ahora. Sigo esperando ver al mundo despertarse de la Historia... Tal es la música de los años.

Si hoy bastasen un par de canciones, esta sería una, y esta sería la otra. Y sigamos esperando que la libertad se ponga de moda.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Entrevista con el susodicho

Foto: Michelle J. Wong

Si no tienen nada mejor que hacer, y si de casualidad se dan de bruces con ese duende intempestivo llamado Revista Nacional de Cultura, les anuncio que en su Número 57 (Agosto del 2009), entre las páginas 83 y 90, aparece la versión larga de mi entrevista con Carlos de la Ossa: "La reinvención de un poeta". La RNC se consigue en las librerías de la UNED y en algunos expendios de más ardua geografía. Como digo: sólo si el tedio y el destino no les dejan de otra...

domingo 18 de octubre de 2009

Partido en dos: Craig Arnold

No conocía nada de Craig Arnold hasta que la edición de este mes de Poetry Magazine le hizo un homenaje en su editorial. Temprano este año, Arnold desapareció sin dejar rastro durante un viaje de exploración a un volcán en Japón.

Sobre el poema que traduzco, el editorial de Poetry alaba lo siguiente: "El movimiento vigoroso, rompe-reglas (mostrar, luego decir), totalmente convincente que va del detalle a la abstracción; la forma del espaciamiento fantasmal de las líneas que resulta tan apto para el tema; la cuidadosa y grácil seguridad del poema mientras traza una nueva ruta a través de un campo minado de clichés poéticos y emotivos: se requiere de una enorme habilidad para hablar del dolor personal de esta manera, y se requiere de un corazón raro y claro."

Hay un poema de Luis Chaves que habla de las cosas que suenan mal en un poema, pero que resultan adecuadas en una canción. De alguna manera, este poema de Craig Arnold me hace pensar que aún se puede escribir poesía con algo de la inmunidad sentimental de las canciones. Luego me pongo a la ver la foto de Arnold que he puesto, y se me ocurre que este poema podría ser una canción y un video inconfundible marca Coldplay. No sé si me convence la asociación, pero la gracia de la poesía es hacer siempre las cosas de otra forma.

Algo más: "La poesía es lo que sobrevive" - (Christian Wiman discute la poesía de Craig Arnold en un excelente podcast para Poetry Foundation)


partido en dos - Craig Arnold


Sobre la escalera de emergencias de tu cuarto rentado
nos sentábamos y sentíamos la ciudad vacía
sudar e inquietarse       nos fumábamos un cigarrillo
por turnos              como una vez que nos pasamos
palabras como estas entre nosotros     sin
esperanza de conservarlas
                                                  Ahora escribo
sin esperanza de respuesta        para decir
que lo que nos dimos el uno al otro desnudamente
fue demasiado y no fue suficiente
para decir que desde la última vez que nos tocamos
no estoy vacío        te escucho nombrar
y mi corazón echa a andar        las piezas que dejaste
de tu voz        están intercaladas con las mías

y para decirle a esta breve chispa en el vacío
que Sí         que extraño cómo el amor
puede hacernos de otra forma

(Traducción de G. A. Chaves. Original en inglés aquí.)

miércoles 7 de octubre de 2009

Yo voto por Cardenal...

... pero claro, ¿a quién le importa? La Academia Sueca, que en unas horas entregará una vez más el Premio Nobel de Literatura, no es una democracia y no importa para nada lo que yo opine. Es más, a juzgar por los casos recientes, parece ser que la Academia está empeñada en irse directamente por la línea de lo que a mí no me llega, y despreciar a los que me gustan. Pero en fin, soñemos y no creamos en malos augurios...

Si los suecos se quisieran poner serios este año, deberían darle el Premio Nobel de Literatura a Ernesto Cardenal. Y estas son las once razones por las cuales pienso así:

  1. Porque Ernesto Cardenal es uno de los poetas centrales de la Vanguardia Nicaragüense, un movimiento muy exaltado por los que sólo ven política en la literatura centroamericana, pero poco calibrado por la gente que ama la buena literatura: pensar que estos poetas tuvieron el músculo intelectual y creativo para pasarse a un gigante como Darío por el trasero y reinventar la poesía de su país y su región es algo, por difícil y raro, digno de todo encomio y reconocimiento. Si la vanguardia nica hubiera escrito novelas, el famoso boom tendría otros nombres.
  2. Porque dos de las más vibrantes y maduras literaturas latinoamericanas (me refiero a la nicaragüense y la argentina) siguen sin tener Nobel. Esto lo único que hace es hablar mal de los Nobel. En otras palabras: si Cardenal (o Juan Gelman) ganaran el Nobel, yo invertiría los términos para decir que los Premios Nobel se ganaron el Premio Cardenal o el Premio Gelman.
  3. Porque, en honor a Darío, y al Nobel que no le dieron en 1913 porque la diplomacia británica puede más que los prejuicios ibéricos, deberían darle ya el Nobel a un poeta nicaragüense.
  4. Porque Cardenal no ha ganado el Premio Cervantes, y sería bonito que la Academia Sueca le recuerde a la Real Academia de la Lengua que, para casi todos los propósitos, su premio es mucho más intrascendente que el Nobel.
  5. Porque sería bueno que Europa se dé cuenta de que los problemas políticos y sociales en Centroamérica no se acabaron cuando Óscar Arias regresó de Oslo en 1987. Un Premio Nobel a un autor centroamericano como Ernesto Cardenal podría atraer un poco de esa necesaria atención (y lobotomizado turismo) a esa parte del mundo. Y de paso tal vez alguien pueda denunciar más globalmente la microcefalia bolivariana que se está expandiendo como cáncer hacia el norte de río San Juan (píos deseos míos y de Carlos Torres).
  6. Porque, hablando de política: un Premio a Ernesto Cardenal ayudaría a jalarle las mechas al imbécil de Daniel Ortega y sus secuaces, quien de fijo se iría hipócritamente de bruces celebrando al poeta al que casi hizo matar de hambre hace poco, y ese despliegue de hipocrecía se me antoja como una venganza dulce y punzante.
  7. Porque un Premio Nobel a Ernesto Cardenal sería un manotazo delicioso en la jacha de la Iglesia Católica (siempre un plus que se disfruta en un Nobel: recuérdese Saramago), que también ha ninguneado a Cardenal y no ha hecho nada en Centroamérica más que repartir culpas y sembrar miedos.
  8. Porque hay una generación entera de poetas en lengua española que aprendió a desacralizar la lengua con Cardenal y le deben a él un norte moral y una educación literaria.
  9. Porque hace ya trece años que un Nobel de Literatura no recae en un poeta.
  10. Porque Ernesto Cadenal ha ganado ya muchísimos premios. Es una apuesta segura y no le sirve de casi nada ganarlo o perderlo.
  11. Porque Ernesto Cardenal escribe así:
De estos cines, Claudia...

De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras de caballos,
no quedará nada para la posteridad
sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
(si acaso)
y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo también en mis
versos
para ridiculizarlos.