jueves 12 de noviembre de 2009

Cuatro poemas: Martin Vest

Martin Vest vive en Pocatello, Idaho. Ha publicado los cuadernos Dark Night of the Sybil (1998) y Swimming the Eclipse (2002), así como los libros Painting the Dead (2003) y Ghost in the Bloody Show (2004). Aquí se pueden leer algunos de sus poemas en inglés.





... SOBRE LOS CONEJOS

Me gustaría decir
que no te amé—
pero la verdad
es peor.
Mi conciencia está doblegada
por la rareza y el apetito—
y el amor
sin conciencia
no es otra cosa que Lenny cuando
acaricia un bolsillo de ratones;
implacable
y maravillado,
como si cada minúscula muerte
fuera la primera...

(Del cuaderno La noche oscura de la Sibila, 1998)



EL CANAL DEL CLIMA

Ella cocina apenas para crear
platos lavables
en esa maldita cocina,
traqueteos y estrépitos
desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche.
Va dando pisotadas por la casa
como si fuera Kong,
con lo cual envía una onda sísmica
a través de cada cerveza a medio beber
que hay sobre la mesa.
Ella maldice un nudo
que se ha formado en los hilos de su bordado—
¡Enderesate grandísimo
hi-jue-pu-ta!

deja una gota de su sangre
en cada tapete, en cada guante,
en cada cena.
Ella desdobla su más reciente colcha.
La carga estática hace un chasquido
de tormenta a través del suelo—
sábanas eléctricas, las llama mi padre.
Él se cobija en su silla favorita,
sin prestar atención
a los truenos...



ALGO TIENE UN HOMBRE

Algo tiene un hombre
que lee un periódico ardiente
en la mesa del comedor.
Debe estar ciego o, si no,
¿cómo podría seguir leyendo?
Debe tener familia, este hombre,
o si no ¿quién le dirá buenas noches?
¿Cómo sabría él cuando es hora
de apagar el periódico
e irse a dormir?
¿Y qué me dicen de la candela
que empezó todo—
el centro de mesa casero
hecho de cera con aroma a lluvia—
el aguacero centelleante al final de la mecha?
¿Por cuánto tiempo debe practicar una esposa
balancear una nube en la punta de su dedo?
¿Cuán quieta debe estarse ella, cuán firme?
Algo tiene un hombre,
con su piernas cruzadas,
un calcetín negro caído
y arrollado sobre su reluciente zapato,
cuando la cara de su reloj
refleja casualmente la llama:
se requiere más que boletines incendiados
para distraerlo a él de sus noticias.

(Del libro Pintando a los muertos, 2003)



VIDAS VIVIDAS...

Ves una foto de la Aguja Espacial de Seattle
en la parte de atrás de un paquetito de azúcar
y algo en el sonido de espacial y aguja
te recuerda a los Jetsons,
los de las caricaturas de los sábados por la mañana,
comiendo cereal Apple-Jack:
Apple-jack,
y ahora estás pensando en brandy y en licores
y en cómo tu matrimonio se deshizo
un día de primavera cuando tenías veintinco años.
Pensás en lo hermosa que se hizo tu esposa
después que te dejó—
en cómo entró al bar una noche,
rodeada de nuevos amigos,
de nuevo delgada, devuelta a la juventud
con avispas de orgullo en lugar de ojos,
a sabiendas de que tu dolor
se tejería solo en cada abril hasta que,
finalmente, confundirías tu sufrimiento
con el brotar de las flores.
Pero de pronto "sufrimiento" te recuerda
al Joven Werther
y ahora te vas a la deriva hasta Alemania
lo cual te recuerda a los Nazis
lo cual te recuerda a las tropas de asalto
lo cual te recuerda a la Guerra de las Galaxias
lo cual te recuerda a Reagan...
Mudás mil pieles de pensamiento
como trozos de celofán en las colinas
hasta que llega la camarera a llenar tu taza.
"Parece que estuvieras contempando el universo",
dice ella, sonriendo.
"No", te reís vos. "Es que me espacié un toque".
Ella se va y algo en el espacio
te hace pensar en un paquetito de azúcar.

(Del libro: El fantasma en el sangriento espectáculo, 2004)

lunes 9 de noviembre de 2009

Si bastasen un par de canciones: Berlín 1989


PLAY. Hoy miles de almas se hacen el amor en Berlín. Invaden las calles, todas con un sólo fin: cambiar de una vez la historia del mundo para ver mejor el 2000.

STOP. FAST FORWARD. STOP.

PLAY. Una mujer en la radio habla de Revolución cuando ya le ha pasado por enfrente. Bob Dylan no tuvo esto para cantarlo. ¿Sabés qué? Se siente bien estar vivo... STOP.

Un carajillo egocéntricamente tímido regresa a casa después de la escuela y los adultos están viendo las noticias. Ya es de noche en alguna parte y hay gente martillando un muro. En el cuarto de adentro, una tía sigue pasando la plancha monótonamente sobre una ropa recién secada, mientras en su televisor se desarrolla una telenovela con una trama más urgente y cercana que la Guerra Fría.

¿En qué andaba pensando yo cuando tenía diez años? De seguro no estaba preocupado por Berlín ni sabía quién era Ceauşescu. No podía, en ese momento y en esas circunstancias, adivinar lo que ese Muro significaría para las dos décadas siguientes de mi vida. Probablemente tampoco ahora lo comprendo. Tal vez el Muro no tuvo nada que ver y yo siempre estuve predestinado a esta bipolaridad de los recuerdos.

Faltaban muchos años para que llegara a saber quiénes eran Pink Floyd y por qué tenían que cantar al lado del Muro. Casi lo mismo que faltaba para que me diera cuenta de que eran falsos aquellos vientos de cambio. Poco a poco los fragmentos de ese tiempo se han ido recomponiendo. Me sigo preguntando si, en caso de haber estado yo entre esas multitudes, habría sido de los que se manifestaban por la libertad o de los que por décadas la habían reprimido. De las fronteras he aprendido ya que nacer en cualquiera de sus lados es un accidente demasiado trivial como para que defina sempiternamente las vidas de todos a los que ha separado.

Las cosas no mejoraron mucho para el 2000, como quería Miguel Mateos. Sin embargo, sé que yo no sería quien soy si ese Muro no hubiera caído. Los detalles son privados y molestos. Pero así son estas historias.

PLAY. Vi llegar la decada en que parecía que el mundo podía cambiar con el guiño de un ojo. He ahí, si acaso, un signo de nuestro tiempo. STOP.

El día llegó en que el carajillo hiper-tímido se convirtió en un adolescente interesado en el mundo exterior. Poco a poco fue saliendo de sí mismo. Entre las cosas que lo ayudaron, cabe mencionar la música de Jesus Jones.

Cada día es un volver a apretar PLAY en el reproductor de encuentros y desencuentros que hace sonar con manía el mundo. Y así hasta que la cinta del tiempo se acabe.

Yo estaba vivo ese 9 de noviembre de 1989. Y aquí sigo esperando... Aquí y ahora. Sigo esperando ver al mundo despertarse de la Historia... Tal es la música de los años.

Si hoy bastasen un par de canciones, esta sería una, y esta sería la otra. Y sigamos esperando que la libertad se ponga de moda.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Entrevista con el susodicho

Foto: Michelle J. Wong

Si no tienen nada mejor que hacer, y si de casualidad se dan de bruces con ese duende intempestivo llamado Revista Nacional de Cultura, les anuncio que en su Número 57 (Agosto del 2009), entre las páginas 83 y 90, aparece la versión larga de mi entrevista con Carlos de la Ossa: "La reinvención de un poeta". La RNC se consigue en las librerías de la UNED y en algunos expendios de más ardua geografía. Como digo: sólo si el tedio y el destino no les dejan de otra...

domingo 18 de octubre de 2009

Partido en dos: Craig Arnold

No conocía nada de Craig Arnold hasta que la edición de este mes de Poetry Magazine le hizo un homenaje en su editorial. Temprano este año, Arnold desapareció sin dejar rastro durante un viaje de exploración a un volcán en Japón.

Sobre el poema que traduzco, el editorial de Poetry alaba lo siguiente: "El movimiento vigoroso, rompe-reglas (mostrar, luego decir), totalmente convincente que va del detalle a la abstracción; la forma del espaciamiento fantasmal de las líneas que resulta tan apto para el tema; la cuidadosa y grácil seguridad del poema mientras traza una nueva ruta a través de un campo minado de clichés poéticos y emotivos: se requiere de una enorme habilidad para hablar del dolor personal de esta manera, y se requiere de un corazón raro y claro."

Hay un poema de Luis Chaves que habla de las cosas que suenan mal en un poema, pero que resultan adecuadas en una canción. De alguna manera, este poema de Craig Arnold me hace pensar que aún se puede escribir poesía con algo de la inmunidad sentimental de las canciones. Luego me pongo a la ver la foto de Arnold que he puesto, y se me ocurre que este poema podría ser una canción y un video inconfundible marca Coldplay. No sé si me convence la asociación, pero la gracia de la poesía es hacer siempre las cosas de otra forma.

Algo más: "La poesía es lo que sobrevive" - (Christian Wiman discute la poesía de Craig Arnold en un excelente podcast para Poetry Foundation)


partido en dos - Craig Arnold


Sobre la escalera de emergencias de tu cuarto rentado
nos sentábamos y sentíamos la ciudad vacía
sudar e inquietarse       nos fumábamos un cigarrillo
por turnos              como una vez que nos pasamos
palabras como estas entre nosotros     sin
esperanza de conservarlas
                                                  Ahora escribo
sin esperanza de respuesta        para decir
que lo que nos dimos el uno al otro desnudamente
fue demasiado y no fue suficiente
para decir que desde la última vez que nos tocamos
no estoy vacío        te escucho nombrar
y mi corazón echa a andar        las piezas que dejaste
de tu voz        están intercaladas con las mías

y para decirle a esta breve chispa en el vacío
que Sí         que extraño cómo el amor
puede hacernos de otra forma

(Traducción de G. A. Chaves. Original en inglés aquí.)

miércoles 7 de octubre de 2009

Yo voto por Cardenal...

... pero claro, ¿a quién le importa? La Academia Sueca, que en unas horas entregará una vez más el Premio Nobel de Literatura, no es una democracia y no importa para nada lo que yo opine. Es más, a juzgar por los casos recientes, parece ser que la Academia está empeñada en irse directamente por la línea de lo que a mí no me llega, y despreciar a los que me gustan. Pero en fin, soñemos y no creamos en malos augurios...

Si los suecos se quisieran poner serios este año, deberían darle el Premio Nobel de Literatura a Ernesto Cardenal. Y estas son las once razones por las cuales pienso así:

  1. Porque Ernesto Cardenal es uno de los poetas centrales de la Vanguardia Nicaragüense, un movimiento muy exaltado por los que sólo ven política en la literatura centroamericana, pero poco calibrado por la gente que ama la buena literatura: pensar que estos poetas tuvieron el músculo intelectual y creativo para pasarse a un gigante como Darío por el trasero y reinventar la poesía de su país y su región es algo, por difícil y raro, digno de todo encomio y reconocimiento. Si la vanguardia nica hubiera escrito novelas, el famoso boom tendría otros nombres.
  2. Porque dos de las más vibrantes y maduras literaturas latinoamericanas (me refiero a la nicaragüense y la argentina) siguen sin tener Nobel. Esto lo único que hace es hablar mal de los Nobel. En otras palabras: si Cardenal (o Juan Gelman) ganaran el Nobel, yo invertiría los términos para decir que los Premios Nobel se ganaron el Premio Cardenal o el Premio Gelman.
  3. Porque, en honor a Darío, y al Nobel que no le dieron en 1913 porque la diplomacia británica puede más que los prejuicios ibéricos, deberían darle ya el Nobel a un poeta nicaragüense.
  4. Porque Cardenal no ha ganado el Premio Cervantes, y sería bonito que la Academia Sueca le recuerde a la Real Academia de la Lengua que, para casi todos los propósitos, su premio es mucho más intrascendente que el Nobel.
  5. Porque sería bueno que Europa se dé cuenta de que los problemas políticos y sociales en Centroamérica no se acabaron cuando Óscar Arias regresó de Oslo en 1987. Un Premio Nobel a un autor centroamericano como Ernesto Cardenal podría atraer un poco de esa necesaria atención (y lobotomizado turismo) a esa parte del mundo. Y de paso tal vez alguien pueda denunciar más globalmente la microcefalia bolivariana que se está expandiendo como cáncer hacia el norte de río San Juan (píos deseos míos y de Carlos Torres).
  6. Porque, hablando de política: un Premio a Ernesto Cardenal ayudaría a jalarle las mechas al imbécil de Daniel Ortega y sus secuaces, quien de fijo se iría hipócritamente de bruces celebrando al poeta al que casi hizo matar de hambre hace poco, y ese despliegue de hipocrecía se me antoja como una venganza dulce y punzante.
  7. Porque un Premio Nobel a Ernesto Cardenal sería un manotazo delicioso en la jacha de la Iglesia Católica (siempre un plus que se disfruta en un Nobel: recuérdese Saramago), que también ha ninguneado a Cardenal y no ha hecho nada en Centroamérica más que repartir culpas y sembrar miedos.
  8. Porque hay una generación entera de poetas en lengua española que aprendió a desacralizar la lengua con Cardenal y le deben a él un norte moral y una educación literaria.
  9. Porque hace ya trece años que un Nobel de Literatura no recae en un poeta.
  10. Porque Ernesto Cadenal ha ganado ya muchísimos premios. Es una apuesta segura y no le sirve de casi nada ganarlo o perderlo.
  11. Porque Ernesto Cardenal escribe así:
De estos cines, Claudia...

De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras de caballos,
no quedará nada para la posteridad
sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
(si acaso)
y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo también en mis
versos
para ridiculizarlos.

domingo 4 de octubre de 2009

Elogio del auto-desprecio: Wisława Szymborska


Este es uno de los poemas más famosos de Wisława Szymborska. La cuestión moral del título está muy claramente planteada en el poema pero, como es usual en la polaca, la expresión de esa pregunta pasa por otros medios.


ELOGIO DEL AUTO-DESPRECIO - Wisława Szymborska

El zopilote no tiene nada de qué culparse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
Las pirañas no dudan de la rectitud de sus acciones.
La serpiente cascabel se da a sí misma aprobación sin reservas.

No existe un chacal auto-crítico.
La langosta, el lagarto, la triquina, el tábano
viven como viven y se alegran por ello.

El corazón de una ballena asesina pesa cien kilos
pero aparte de eso es más bien liviano.

No hay nada más animal
que una conciencia tranquila
en el tercer planeta a partir del Sol.

(Traducción: G. A. Chaves, 2009)

miércoles 23 de septiembre de 2009

¿Me conozco, mascarita?

NADIE SABE PARA QUIÉN TRABAJO
(Memorias del tedio)


1.

Todo está lleno de dioses, dijo Tales de Mileto. Lo dijo, estoy seguro, como una expresión de tedio. Luego de eso, Tales dijo que todo proviene del agua y está por encima de ella. Una expresión, estoy seguro, de sed.

2.

Lo que me cansa de la gente que insiste en hablar de identidad, es que usualmente carece de algo que yo intuyo más esencial: personalidad. Cuando hace unos años descubrí que mi familia en el pasado fue judía, me fui al lugar del que partieron los abuelos (Chaves, Portugal), a tratar de reconocerme en esos muros. Nunca en mi vida me sentí tan extranjero. Yo ya no seré un converso al judaísmo, pero cargo siempre con un algo irrelevante de no-pertenencia. Pero si me pongo serio al respecto, esto no me viene de judería, sino que es la rareza consustancial de alguien que nace séptimo en una familia de ocho. En otras palabras: sólo yo tengo la culpa de ser como soy.

3.

Lo que define a un costarricense, cuando todo lo demás queda entre paréntesis, es su actitud existencial ante la lluvia. Los que nos sentamos a verla somos los líricos, los que tienen que hacer pesas por años antes de levantar un pájaro muerto. Los que le rehuyen son los pragmáticos, los que entienden que no todo lo que brilla es oro pero actúan como si sí.

4.

Lo que más me gustó de Tel Aviv fue la lluvia. Pasa rápido, humedece los techos y los sobacos, y luego le regresa su lugar al calor imperante. Hace poco, en un taxi que me llevó del centro de la ciudad al puerto de Jafa, donde esperaba que una ballena moderna me tragara y no me devolviera más al mundo, observé uno de esos aguaceros espontáneos y me quedé perdido mirando por la ventana. El taxista me preguntó, en un español perfecto, que de dónde era. Yo seguí viendo hacia la lluvia en Tel Aviv y le dije: "Soy de aquí".

5.

Valerio me llama por teléfono. Me pregunta qué estoy haciendo. "Leyendo", le digo. "Mae", me responde, "leer es de playos. ¿Se quiere hacer como Oscar Wilde?. Ay, sí: la experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores. ¿Por qué mejor no me deja que le patee un huevo?"

6.

Alguien ha dicho que mi blog está "dedicado, principalmente, a la traducción de poetas anglosajones". Pero mi blog se llama "Café Verlaine". Para mí, eso es como llamar Instituto Himmler a un museo histórico de la diáspora judía. Alguien más ha empezado a circular la especie de que yo no he leído jamás a Verlaine, lo cual es cierto. Fuera de los Poemas saturninos, Las fiestas galantes, Los poetas malditos y Mis hospitales, todo lo de Verlaine me atrofia, me simboliza, me extraña, me desdieta. Todo porque nunca lo he leído. Lo raro es que el otro día en clase un profesor se refirió a mí como Usted, al que le interesa el simbolismo francés, ante lo cual yo no pude más que ponerme en pie y sollozar ante el grupo aquello de Je ne t'ai pas connu, je ne t'ai pas aimé, /Je ne te connais point et je t'aime encor moins. Nunca olvidaré que una vez un homosexual intentó ligarme con unos versos de Verlaine. Hoy puedo decir que me habría ido con él si no hubiera sido tan descuidado con las sílabas acentuadas de los versos que me dijo.

7.

En un transporte de turistas en Tel Aviv, una chica polaca me habla en un español tan perfecto como el del taxista (que resultó ser argentino). Me dice que hizo Erasmo en Madrid y que le gusta mucho Antonio Machado. Yo le pregunto, por joder, que para qué se molesta en leer poesía en español pudiendo leer a Czeslaw Milosz en su idioma original. La chica polaca se echa para atrás, asombrada de que yo pudiera pronunciar el nombre de Czeslaw Milosz, y me dice: "Un costarricense educado". Acto seguido, me coloco el iPod y la dejo hablando sola.

9.

En la boda de mi amigo. Le he prometido cantar una canción de amor en la recepción. Pero no ando muy primaveroso y por eso decido cantarle una canción realista, que le haga entender que su boda no es un arribo sino una partida. He escogido cantar Don't Dream It's Over. El tipo que me presenta al público, sin embargo, anuncia la canción como The Dream Is Over. La familia de la novia me mira con justificadas sospechas pero se tranquiliza al oir de lo que se trata.

10.

He llegado a depurar mi estilo literario de tal manera, lo he hecho tan envolvente, que nadie se ha fijado en que he pasado del punto 7 al 9.

8.

Sólo pude estar ocho días en Israel. Y la misma historia se repite: odio la globalización. Por la simple razón de que uno esperaría, en estas orillas, escuchar música tonta pero al menos local. Pero todo es lo mismo: Enrique Iglesias y más Shakira. Conocí a David Grossman en una lectura que hizo en Haifa, en el mismo recinto en que se realizó una de las más imponentes olimpiadas de ajedrez de la historia, en los años 70s, cuando aún era la gente la que jugaba, no las máquinas; es decir, cuando aún valía de algo pensar por uno mismo.

11.

Nadie me cree que una vez fui cantante. La gente se ríe cuando les digo que quiero ser comediante. Cada vez que le menciono a alguien que estoy trabajando en una novela, miran al suelo como si acabaran de escuchar que el mundo está muriendo.

12.

"Mae, Valerio. Escucharte a vos hablar me quita las ganas de estar vivo".
"Pero es la verdad, mae".
"Exacto".

13.

En Jerusalén: Con los israelíes, soy italiano. Con los extranjeros, soy judío. A solas, en una calle estrecha o en un aeropuerto, soy un costarricense sin más: alguien con ganas de volver a casa y olvidarse de ese tedio universal que es uno mismo.

14.

Jerusalén está llena de polvo y está por debajo de él. En Jerusalén, por fin, me he quedado vacío de dioses pero me empieza a hacer falta la lluvia.