martes 22 de julio de 2008

Visiones y revisiones: Marilyn Boyd

La conmoción provocada en septiembre de 1957 por el lanzamiento de On the Road, la mítica novela de Jack Kerouac, y su soundtrack precedente, Howl de Allen Ginsberg, explica en parte por qué la instrospectiva primera novela de Marilyn Boyd, Just Forgetful, quedó desatendida por tanto tiempo. En efecto, en aquel año del Sputnik lo adecuado era lanzarse a algún destino desconocido, ya fuera cósmico o psicotrópico. Liz, la protagonista de Just Forgetful, estaba demasiado perdida en el laberinto de su propia cabeza como para emprender un viaje a cualquier exterior que no fuera sus calles conocidas y las personas que las habitaban. El resultado fue una historia demasiado pueblerina para los lectores de ese año de odiseas.

Luego Boyd cobraría notoriedad en los años setenta por sus ur-memorias, Los sueños de la falange, que le colgaron para siempre la imagen de ensayista más que de autora de ficciones. No fue sino hasta 1984, con el Premio Stowe, que su trabajo como narradora empezó a ser reconocido.

Pero para entonces Boyd ya se había acostumbrado a vivir a la sombra de su tiempo, publicando poco y provocando, entre la carencia y el placer que acarreaban sus libros, un culto involuntario que no ha hecho más que crecer desde la muerte de la autora a principios de los años noventa.

Pero Boyd está lejos de ser una escritora "consagrada." Sus novelas corren de mano en mano en el mercado negro de los gustos personales. Boyd, como pocos autores modernos, ha podido permanecer íntegra en sus papeles sin convertirse en figura pública ni en carroña de tesis. Al contrario de Kerouac y Ginsberg, no hubo homenajes ni ediciones conmemorativas el año pasado para Marilyn Boyd. De hecho, la patente dificultad que existe hoy para hallar un libro suyo haría pensar a cualquiera que esta mujer en realidad no existió nunca. Este mes, sin embargo, ECCO Press reeditará otra novela fuera de serie de Marilyn Boyd, llamada en inglés The Alder of the Minutes (El arce de los minutos). El inicio de la novela es suficiente para justificar leerla en vacaciones, o en un día de descanso o en cualquier situación que garantice cero interrupciones, cero banalidad:

"Pain has no time. I have time to take the tea and so do you. My heart beats fast (like a musical box). A woman crosses in front of this window and she is full of time. She disappears under the rain. A boat swims in a puddle of sun and the timeless sun drinks the blood of the roses." (MARILYN BOYD, The Alder of the Minutes, p. 3.)

Su amigo personal, el escritor austríaco Thomas Bernhard, la llamó "la más radical inteligencia literaria desde Virginia Woolf". Ha sido traducida a una decena de idiomas. Ganó premios. Sin embargo, sus libros apenas se consiguen, y no sin esfuerzos policíacos o suertes improbables.

Pareciera que un fantasma recorre la literatura estadounidense del último medio siglo. Ese fantasma no tiene historia y casi no deja rastro. Pero tiene nombre: se llama Marilyn Boyd. No sé si vale como recomendación para el verano, pero siempre es bueno volver a leerla.

(Foto cortesía de Guillermo Barquero)

3 Servidos:

Juan Murillo dijo...

Recuerdo haber leído en la correspondencia publicada de George Perec una carta en la que mencionaba que Just Forgetful había sido la inspiración para su Je me souviens, el cual publicó el mismo año que La Vie, mode d'emploi, diciendo que la suya era el puro esqueleto de una lista de recuerdos, carente de los niveles superpuestos que hacian de Just Forgetful una obra maestra (¿secreta?). Por supuesto, además esta la adesión y admiración, quizá un poco estridente, de Vila-Matas para con la obra de Boyd, expresada en su conferencia sobre Intertextualidad y Metaliteratura. De más esta decir que aún ando buscando alguna copia usada de su novela.

Warren/Literófilo dijo...

De hecho Boyd, como vos decís pasa por un fantasma, casi no hay información de ella en la Internet y gracias a un compa leí una novela de ella, sin duda es como el caso acá en Costa Rica de la poetiza Ninfa Santos igual de maldita (Oreamunu, Odio), igual de poeta, igual de belle tanto que cuativó a Monterroso.

Heriberto dijo...

Hey yo tenia una version de Penguin de ese mismoi libro pero era de los de las portadas de color naranja. No se si si eso cambiaba el contenido de la novela, oya uqe segun lei una vez en una entrevista que le hicieron a la Boyd en una Cosmopolitan ( estaba en una barberia de Plaza Viquez, no la compre yo) ella en realidad odia el color narnaja (orange , creo que decia en la entrevista). Por cierto, alguien sabe donde se tilda en las Mac's? Iba a contar de como perdi mi ejemplar naranja boydeano, pero recorde uno de los puntos de su decalogo y mejor me callo.

Heriberto