Un soneto: Fabio Morábito

No ha muerto el soneto; es que evitamos la fatiga. Porque está hecho de una piedra que cuesta cincelar para hacer otras cosas. Pero igual entra por las piernas y nos remueve el asombro. Algo así como lo que aconteció a la mujer de este poema:
BAHÍA QUINO - Fabio Morábito
A Ethel
Esta mujer que abandona en la arena
su cuerpo en una roca que dibuja
la luz del mediodía, roca oscura
sin sed, sin ojos, sin sombra siquiera.
Esta mujer está tendida y sueña
que es una roca que la luz dibuja
en esta playa sin nombre. Sin duda
hay un ritmo de olas en sus venas.
En esta rada entra el mediodía
y borra los contornos de las rocas
y borra el mar de innumerables cuencas.
Y mientras sueña esta mujer tendida
que es una roca fija, una ola
se mete entre sus pies y la despierta.

6 Servidos:
Quien diga que ha muerto el soneto, llevándose a Quevedo entre las patas, definitivamente quiere evitar a toda costa los versos de más de tres o cuatro sílabas que adquieran sentido en su musicalidad.
Por cierto, Morábito es un cuentista excelso.
Soy el primero en sumarme a los defensores del soneto.
Considero que un poeta que no pueda escribir un soneto no es poeta ni escritor ni nada. Esto, que puede sonar excesivo, lo aplico antes que todo para mí mismo, pues mis intentos en dicho campo hasta ahora han sido rotundos fracasos. Por lo demás, tenés toda la razón: la pereza de seguir intentándolo.
El tema de la tradición literaria y su conocimiento es piedra angular no solo olvidada, que podría ser lógico, sino peor, denostada por la mayoría.
Yo cuando crezca quiero ser como Morabito. Lo conocí en el festival de las artes del año 06 creo, un tipo que cuyo perfil es igual a su obra literaria, depurado, fino, de calidad abismal, un escritor al que hay que seguirle la pista Gustavo tanto como poeta como narrador.
Ciertamente sonás algo excesivo, Asterión. Digamos que si es así hay grandes poetas de los ya no podremos saber si lo fueron. Pero tal vez apuntabas a cierto desprecio por la orfebrería, no lo sé.
Otro soneto, de Carlos Martínez Rivas. (Esto como que pertenecía a otra entrada, pero acabó en soneto).
SE DIRIGE A NUESTRO SEÑOR CRUCIFICADO QUE MURIÓ POR TODOS ROGÁNDOLE LE ASISTA EN LA CONSECUCIÓN DE UNA DAMA MUY PRINCIPAL, A QUIEN AMBOS AMAN CON TAN DIFERENTE FIN Y RESULTADO.
Pues si de amor moriste y fue rendirte
tu corazón principal, Salvador mío,
de la que es perdición de mi albedrío
a solas vengo a hablarte y a decirte:
que si en Hombre bajaste a convertirte
por Amor, no será mi desvarío
quien me aconseja contra su desvío
lo que por esta vez vengo a pedirte:
que me hagas dios. Si ya no lluvia de oro,
dame al menos las dos astas del Toro
y así ningún rival me hallare inerme;
nunca, Señor, tan juntos estuvimos,
por ella Tú y yo de amor morimos:
Tú por salvarla, yo para perderme.
22-7-1954
Festividades de Santa María Magdalena
Cierto, Esteban, la afirmación así es excesiva. En la nota de Germán sobre Chico también me refería al asunto.
Ahora, puestos a contextualizar, se trata de reivindicar el papel de la tradición (no una, sino basta y poliforme), y como bien señalás, de la orfebrería, como componentes indispensables del arte literario. Y cito de nuevo a Germán: uno no puede permitir que una libreta de apuntes personales pase por poemario.
En el blog he escrito algunas cosas respecto de este problema: tradición-originalidad-novedad, etc. Y bueno, es un tema que da para mucho, evidentemente.
Saludos.
Quiero echarle manos a esos cuentos de Morábito. Su poesía completa es un tour de force que hace pensar realmente sobre las posibilidades de escribir verso "formal" (entiéndase rimado y métrico) en estos tiempos. Yo no creo que haya que sin sonetos no se pueda llegar a ser un gran poeta, pero el aprendizaje de las formas es realmente un ejercicio saludable. Por un lado, da economía y precisión a los versos. Y luego entrena el oído para escribir verso libre que no sea prosa cortada.
Gracias a todos por venir...
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