Metafísica del hambre: Heather McHugh

EL FILÓSOFO PIDE CERDO CRUJIENTE
Heather McHugh
Amo tanto a esta criatura, Dios quiera
que la hayan tratado bien. Pagaría cuanto
consideren apropiado los amantes del cerdo
por asegurarle al menos eso. En cuanto
a su grasa, daría años sí años
de mi propia vida por
un prójimo así de tragable.
(Mi vida! Tal y como es! Esta
liberalidad de hojas! Después
de todo, el mundo no extrañará esos
diecisiete poemas de más, habiendo
tan pocos temas que tratar. Tres
si por tema nos referimos a cualquiera
que esté sujeto a la voluntad
de otro. Dos si por tema nos referimos
a una materia. Uno si debido a la muerte acabamos
refiriéndonos al amor. Y ninguno si un tema
necesariamente conlleva
la propia indulgencia de la floritura.)
(Publicado originalmente en inglés en la revista Poetry, Julio/Agosto 2008, p. 292. Traducción de G. A. Chaves.)
¿Una nueva forma de entender la expresión food for thought? ¿O una manera distinta de explorar la exaltación que le es intrínseca a la poesía, "la propia indulgencia de la floritura", del canto desmedido, del galope lírico? Partir de un cerdo asado y acabar en el amor y la muerte no es tan difícil cuando el cerdo remite a algo más que comida. ¿La ternura, quizá? Pero la ternura, en este caso, es comestible; carne suave. Y la muerte, ¿qué importa? Siempre y cuando haya alguien que la cante... ¿La poesía vista como el estallido multicolor de lo que sin ella serían los fuegos fatuos de siempre? ¿Y la filosofía como la complicación voluntaria de lo que probablemente es simple?
Estas son apenas mis preguntas preliminares. Hay algo aquí que ignoro y que me atrae. No estoy seguro siquiera de si Heather McHugh tendrá las respuestas.


