miércoles 20 de agosto de 2008

Metafísica del hambre: Heather McHugh




EL FILÓSOFO PIDE CERDO CRUJIENTE
Heather McHugh



Amo tanto a esta criatura, Dios quiera
que la hayan tratado bien. Pagaría cuanto
consideren apropiado los amantes del cerdo

por asegurarle al menos eso. En cuanto
a su grasa, daría años sí años
de mi propia vida por

un prójimo así de tragable.
(Mi vida! Tal y como es! Esta
liberalidad de hojas! Después

de todo, el mundo no extrañará esos
diecisiete poemas de más, habiendo
tan pocos temas que tratar. Tres

si por tema nos referimos a cualquiera
que esté sujeto a la voluntad
de otro. Dos si por tema nos referimos

a una materia. Uno si debido a la muerte acabamos
refiriéndonos al amor. Y ninguno si un tema
necesariamente conlleva

la propia indulgencia de la floritura.)


(Publicado originalmente en inglés en la revista Poetry, Julio/Agosto 2008, p. 292. Traducción de G. A. Chaves.)

* * *

¿Una nueva forma de entender la expresión food for thought? ¿O una manera distinta de explorar la exaltación que le es intrínseca a la poesía, "la propia indulgencia de la floritura", del canto desmedido, del galope lírico? Partir de un cerdo asado y acabar en el amor y la muerte no es tan difícil cuando el cerdo remite a algo más que comida. ¿La ternura, quizá? Pero la ternura, en este caso, es comestible; carne suave. Y la muerte, ¿qué importa? Siempre y cuando haya alguien que la cante... ¿La poesía vista como el estallido multicolor de lo que sin ella serían los fuegos fatuos de siempre? ¿Y la filosofía como la complicación voluntaria de lo que probablemente es simple?

Estas son apenas mis preguntas preliminares. Hay algo aquí que ignoro y que me atrae. No estoy seguro siquiera de si Heather McHugh tendrá las respuestas.

lunes 18 de agosto de 2008

Archipiélago: Heriberto Rodríguez


Que manda a decir la ECR que ya salió a la venta la nueva novela de Heriberto Rodríguez, Archipiélago, ganadora del Premio Editorial Costa Rica 2007. Está fresquita, fresquita. Sobre el contenido de la novela, yo sólo sé que no sé nada pero apenas pueda voy a entrarle. Los lectores de Heriberto sabemos que su prosa es como una bailarina profesional o, mejor, como una de esas clavadistas olímpicas que se ven en estos días: musculosa pero con gracia. Ah, y con mucho trabajo de por medio.

Para leer a Heriberto: esto.
Para conocerlo: esto otro.
Si no me creen: váyanse pa'l litero-chirizo...

viernes 15 de agosto de 2008

Respiros: Gordon Sumner & Co.

Video hecho por La Gata en el concierto de The Police en Saratoga Springs (NY), hace dos semanas. El telonero del concierto: Elvis Costello, que terroríficamente cada día se parece más a mí (pero no, ay, yo a él...) Fuera de eso, sólo bueno.

jueves 7 de agosto de 2008

Mástiles al amanecer: Robert Penn Warren

Hace varios años, de regreso de un viaje, mi hermana me trajo una antología de poesía que incluía este poema. Hoy esta confesión suena ridícula, pero en esos días (recién cumplidos los veinte), yo estaba inconscientemente inmerso en un rapto Yeatsiano y quería salir de donde estaba para irme a vivir cerca del mar, o al menos cerca de un lugar con agua. A menudo me levantaba de madrugada y notaba el viento en las ramas alrededor de la casa rugiendo como si fueran olas. A fuerza de anhelar, empecé a leer este poema como si Warren mismo hubiese estado lejos del mar cuando lo escribió, anhelando como yo, imaginando un despertar y pensando "cómo en la oscuridad los mástiles se enblanquecen." Porque, claro, si él podía ver directamente los mástiles, ¿para qué ponerse a pensarlos? Un día me di cuenta de que ya era capaz de percibir todas las luces, todos los sonidos y todas las breves historias detrás de la marea de este poema. Llegué a amarlo de tal forma que podía creerlo.

Unos años después, me encontré una madrugada frente al Atlántico, en Finisterre, y anoté algo en mi diario sobre la alegría que sentía, a pesar del frío, sentado allí solo viendo cómo lentamente en el puerto los mástiles se volvían blancos. Finalmente dejé de imaginar y pude ver. Después de tanto tiempo, obtuve una unidad personal con el ritmo de este poema. Me da pena llamarla mística, pero no dudo en consentir que me trae paz. Al final, gracias en parte a este poema, he llegado a amar de tal forma las madrugadas que he podido finalmente creer en el mundo...


MÁSTILES AL AMANECER - Robert Penn Warren

Pasado el segundo canto del gallo los mástiles en el puerto lentamente se enblanquecen.

Aún no hay luz en el Este, pero las estrellas muestran cierta fatiga.
Se retiran a una nueva distancia. Han descubierto que no valemos la pena. Hace rato que

El búho, en el oscuro eucalipto, funesto y melodioso, llamó por última vez, y

Rato hace desde que la luna se hundió y los ingleses
Acabaron de fornicar en sus queches. Por la noche hubo una fuerte crecida.

Rojo murió el sol, pero al anochecer se levantó un viento del Este, un mar blanco rezongó el negro promontorio del muelle.

Cuando hay una fuerte crecida, uno puede, si se rinde a ella, experimentar
Un sentido, en el acto, de unidad mística con ese ritmo. La voluntad del mar es tu paz.

Pero ahora no hay movimiento, el rostro de la bahía se ve lustroso en la oscuridad, como

Una ventana acostada en el suelo negro a la par de un muro, cerca de un puñado de cenizas. No

Recibe ni da luz. Esta es la hora en que el mar

Se hunde en meditación. Duda de su propia misión. El gato ahogado
Que en la crecida de anoche jugueteaba con las estacas del muelle y parecía

Querer subirse a ellas y secarse, ahora flota libre. Sobre esa superficie, él es sólo una leve convexidad, como

Un párpado cerrado, en lo oscuro. Uno debe aprender a aceptar el beso del destino, pues

Los mástiles lentamente se enblanquecen, como la luz, como el rocío, tras la oscuridad
Que en ellos se condensa, sobre maderas aceitadas, sobre el metal. El rocío se enblanquece en la oscuridad.

Yo reposo en mi cama y pienso cómo, en la oscuridad, los mástiles se enblanquecen.

El sonido del motor del primer bote pesquero muere en dirección del mar. Pronto
En la cañada, tierra adentro, se despierta la paloma del alba. Debemos intentar

Amar tanto al mundo para poder, al final, creer en Dios.

(Imagen: Michelle J. Wong)