Hacía tiempo que quería pasarles este poema de Thomas Lux. Se lo había leído a mis estudiantes hace unos meses, a inicios de la primavera, cuando ocurre el destape anual de la piel en los países con nieve. La idea era que se tomaran su desmadre hormonal con un poco de humor. Al final, fueron pocos los que se rieron. La mayoría me miraba con alarma, como si finalmente hubiesen descubierto al violador rampante que se ocultaba tras mi no muy sutil apariencia de profesor de lenguas (¡Profesor de Lenguas!, ¡qué obsceno!). Pero la verdad no los culpo: todos en todas partes somos en mayor o menor medida unos santos católicos y castrados apóstoles de estas vergüenzas.
Ahora que los gobiernos no intervienen en la economía pero sí en las sábanas nuestras de cada noche, cuando la gente debe gastar tiempo y dinero para decidir algo que no les compete en lo absoluto (la vida sexual de los otros) y cuando tanto bien nos haría acercarnos más para perdernos el miedo, va este poema con patada en la entrepierna y sonrisa traviesa de Thomas Lux. Oremus...
EL SEXO EN LA HISTORIA - Thomas Lux
Da la impresión, al leer las revisiones, de que sólo el Papa,
los cardenales, los sacerdotes, los monjes
y las monjas participaban. Cómo pudo el campesinado
reproducirse a pesar de las prohibiciones
sigue siendo un misterio: nada de sexo
el Jueves, el día en que Cristo fue arrestado,
el Viernes había que honrar Su muerte,
el Sábado había que honrar a Su Mamá,
el Domingo fue cuando resucitó,
el Lunes había que honrar a los que no habían resucitado...
Parece ser, si se toman en cuenta los festivales y ayunos
alrededor de la Pascua, Pentecostés, Navidad,
que si acaso quedaban dos o tres días al año para el sexo
siempre y cuando:
1) No lo disfrutaras.
2) Fuera conceptual, heterosexual, hombre y mujer, el hombre
arriba. La crónica
escasez de comida se hacía llevadera
gracias al ayuno penitencial (pan
y agua) que se imponía a los infractores: 7 días
por sueños húmedos, 20 días
por masturbarse, 2 años
por conexión interfemoral (el pene
entre los muslos de una acompañante pasiva)...
Y a pesar de la endogamia
a la que daba lugar el esnobismo, tampoco la nobleza
le hacía mucho casos a los sacerdotes
y esa es la razón por la que hoy tenemos tantos humanos estériles,
tontos, educados y adorablemente distraídos
que se la pasan sentados en cafés al aire libre
a lo largo de famosos bulevares con tiendas.
El sexo era sexo: carne
sobre carne, por años y años, decir una cosa
y hacer la otra - rápido, furtivo, con miedo
y Dios
siempre observando,
con Sus enormes ojos abiertos,
mirando lo que había hecho.
(Traducción de G. A. Chaves.)