A través de materias y tiempo: Robert Hass
Esta es la tercera vez que Robert Hass aparece en este café. Con él despegamos y por él celebramos el Pulitzer del año pasado. Ahora Jaime Priede ha traducido su último libro, Time and Materials, y lo ha publicado en España con Bartleby Editores. Cosa rara, porque hace unos meses la mexicana Pura López-Colomé, quien ya había traducido al español dos libros de Hass y es amiga personal de él, reveló estar traduciendo este mismo libro. En fin, la cosa es que finalmente se puede leer a Hass en España, y hasta los blogs lo comentan. Ahora sólo queda por traducir el primer libro de Hass, Field Guide (1973), que por su desigual ejecución me parece que quedará en las gavetas, y también el penúltimo, Sun Under Wood (1998), que por cierto es el que más me gusta. Habrá que meterle mano a ese proyecto, antes de que alguien más nos robe el mandado. Mientras tanto, vamos con otro poema de Hass, el primero de su primer libro, Field Guide:
EN LA COSTA CERCA DE SAUSALITO - Robert Hass
1
No diré mucho sobre el mar
excepto que tenía, casi
el color de la leche agria.
El sol descendía por ese cielo
claro, para nada intimidante,
angulado por la fisura de los riscos,
colinas oscurecidas por el verdor de los arbustos.
Marea baja: rocas babosas
moteadas de pardo y cubiertas de algas
como las enormes espaldas de tortugas antiguas
fundidas con la piedra gris
del rompeolas, deslizándose
hacia profundidades antediluvianas.
La vieja historia: aquí empieza la mugrienta vida.
2
Pes-
cando, como dijo Melville,
"para purgar el rencor",
para poner a trabajar mis torpes manos
mis manos que se magullan de
no tocar
le arrancan las patas a un camarón,
lo descascaran,
y lo arrollan con dos vueltas al anzuelo.
3
El cabezón no es un pez muy apreciado
por los pescadores, a excepción de los italianos
que tienen la gracia
de freír su carne pálida, casi azulosa
en aceite de oliva con una ramita
fresca de romero.
El cabezón, un pez feo y atavístico,
tan viejo como las baldas costeras
de las que se alimenta,
tiene aletas tan gruesas como las membranas de un pato,
parece un sapo prehistórico,
y es delicadamente dulce.
Es posible reconocer cuando se ha atrapado a uno
por la agitación de sorpresa
y la tensión en la cuerda.
4
Pero es extraño matar
por la repentina sensación de vida.
El peligro es
moralizar
esa extrañeza.
Al sostener al espinoso monstruo entre mis manos
sus protuberantes ojos púrpura
eran ojos y el sol quedaba
casi tangencial al planeta
sobre nuestra costa inquieta.
Criatura frente a criatura,
nos miramos a través de los siglos.
(Traducción: G. A. Chaves, 2009.)

1 Servidos:
Pobrecito don Beto Hass, que nadie me le da pelota cuando lo invito. No pasa nada, Betico. Yo lo sigo "trayendo a colación". Aunque canse. Por cierto, lindo el poema; vertiginoso ese encuentro final. La traducción, uf..., ¡impecable!
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