lunes 9 de noviembre de 2009

Si bastasen un par de canciones: Berlín 1989


PLAY. Hoy miles de almas se hacen el amor en Berlín. Invaden las calles, todas con un sólo fin: cambiar de una vez la historia del mundo para ver mejor el 2000.

STOP. FAST FORWARD. STOP.

PLAY. Una mujer en la radio habla de Revolución cuando ya le ha pasado por enfrente. Bob Dylan no tuvo esto para cantarlo. ¿Sabés qué? Se siente bien estar vivo... STOP.

Un carajillo egocéntricamente tímido regresa a casa después de la escuela y los adultos están viendo las noticias. Ya es de noche en alguna parte y hay gente martillando un muro. En el cuarto de adentro, una tía sigue pasando la plancha monótonamente sobre una ropa recién secada, mientras en su televisor se desarrolla una telenovela con una trama más urgente y cercana que la Guerra Fría.

¿En qué andaba pensando yo cuando tenía diez años? De seguro no estaba preocupado por Berlín ni sabía quién era Ceauşescu. No podía, en ese momento y en esas circunstancias, adivinar lo que ese Muro significaría para las dos décadas siguientes de mi vida. Probablemente tampoco ahora lo comprendo. Tal vez el Muro no tuvo nada que ver y yo siempre estuve predestinado a esta bipolaridad de los recuerdos.

Faltaban muchos años para que llegara a saber quiénes eran Pink Floyd y por qué tenían que cantar al lado del Muro. Casi lo mismo que faltaba para que me diera cuenta de que eran falsos aquellos vientos de cambio. Poco a poco los fragmentos de ese tiempo se han ido recomponiendo. Me sigo preguntando si, en caso de haber estado yo entre esas multitudes, habría sido de los que se manifestaban por la libertad o de los que por décadas la habían reprimido. De las fronteras he aprendido ya que nacer en cualquiera de sus lados es un accidente demasiado trivial como para que defina sempiternamente las vidas de todos a los que ha separado.

Las cosas no mejoraron mucho para el 2000, como quería Miguel Mateos. Sin embargo, sé que yo no sería quien soy si ese Muro no hubiera caído. Los detalles son privados y molestos. Pero así son estas historias.

PLAY. Vi llegar la decada en que parecía que el mundo podía cambiar con el guiño de un ojo. He ahí, si acaso, un signo de nuestro tiempo. STOP.

El día llegó en que el carajillo hiper-tímido se convirtió en un adolescente interesado en el mundo exterior. Poco a poco fue saliendo de sí mismo. Entre las cosas que lo ayudaron, cabe mencionar la música de Jesus Jones.

Cada día es un volver a apretar PLAY en el reproductor de encuentros y desencuentros que hace sonar con manía el mundo. Y así hasta que la cinta del tiempo se acabe.

Yo estaba vivo ese 9 de noviembre de 1989. Y aquí sigo esperando... Aquí y ahora. Sigo esperando ver al mundo despertarse de la Historia... Tal es la música de los años.

Si hoy bastasen un par de canciones, esta sería una, y esta sería la otra. Y sigamos esperando que la libertad se ponga de moda.

10 Servidos:

Heriberto dijo...

Refrescante texto este Gustavo, cargado de alusiones musicales tan diversas como lo pueden ser entre ellos el Ramazzoti y los Scorpions (y eso sin ir todavía al youtube). Me gustó. Por cierto la cancíón de Ramazzoti de porentonces era "Musica é".

tetrabrik dijo...

el primer enlace a youtube me da la página de entrada. seré yo, maestro?

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Sí, maestro. Acabo de revisar y está bien. En todo caso, este es el link: http://www.youtube.com/watch?v=mOyWY6GB3EQ

Asterión dijo...

El primer video no se puede ver. Parece estar restringido para Costa Rica.

El segundo me recuerda que apenas en 1990, mi primer concierto fue de Miguel Mateos en el Palacio de los Deportes, y esa era una de las piezas suyas que me gustaban.

Tavo, no sé por qué, pero el texto me hizo sentirme "algo más viejo de lo que en verdad soy".

Saludos.

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

Qué raro: denle otra vez: http://www.youtube.com/watch?v=5x67Wu46L4w

Asterión dijo...

Nada. Restringido en Costa Rica. Decinos cuál es.

Gustavo Adolfo Chaves dijo...

No seás tan güevón... Bueno, no hay misterios: la canción es "Right Here, Right Now" de Jesus Jones.

el hidden place dijo...

Y pensar que veinte años después siguen con esas majaderías de construir muros. Y más cerca de lo que, a veces, queremos creer.

Germán Hernández dijo...

Dice Hinkelhammer, que el siglo XXI lo inauguró no la caída del Muro de Berlín en ese 1989, sino otro hecho, ese mismo año, más cercano a nosotros: La Masacre de los Sacerdotes Jesuitas en la UCA, El Salvador.

Esteban U. dijo...

Me encantó el texto, diría que es un poema exteriorista, si aceptamos que el exteriorismo también era pensar que el poema podía estar adentro o afuera del verso.

Pero lo que me conquistó definitivamente fue el guiño como a lo Borges: “yo no sería quien soy si ese Muro no hubiera caído. Los detalles son privados y molestos”.