
Líneas finales de mi cuento "Marilyn Boyd y un olvido premeditado", hoy que se cumplen diez años de la muerte de mi amigo Juan Manuel Muñoz:
Digues que no morim, que només has anat
a calmar tant set que tenim d’astres. (*)
—Vicenç Llorca, “Plegária al Bryce Canyon”
a calmar tant set que tenim d’astres. (*)
—Vicenç Llorca, “Plegária al Bryce Canyon”
25 de junio. Carta a Manuel: Pasado ya un año de todo aquello, y para distraerme de tu huida, fui a parar a un bus de barrio, creyendo que leía a Boyd. Luego lo he hecho en serio y lo he escrito, con la ira de Steinbeck, ya sin disfraces. He intentado todo: desde soñar mujeres hasta inventar libros. Pero me he cansado ya de evitar tu muerte. Si vinieras en un sueño y me explicaras por qué un suicidio… No entiendo cómo un libro puede hablar de muertos. Porque leyendo no morimos. Dime que no morimos. Amigo, me has robado el peso del cuerpo. Me fui un día a Salinas a leer más y tratar de que el olvido no me abandonara. Intenté creer que soñé con tu muerte y prolongué esa evasión leyendo y releyendo. Evité creer que el funeral de hace un año fue en serio, y pensé que la levedad de ese día se debió al clima… Algunas veces los días dan para eso, para vivirlos con la sensación de estar flotando, de no estar del todo en ningún lugar particular. Me sigue sucediendo: hoy fue uno de esos. No estoy seguro de haberme levantado esta mañana, y ante la posibilidad de estar teniendo el privilegio de seguir soñando todavía, he salido para mirar cómo son las cosas en el mundo intermedio entre la vigilia y el soñar. Me da risa ver las caras preocupadas de la gente en la calle… Si supieran que a lo mejor son parte de mi sueño, que a lo mejor cuando yo despierte ya ellos no existirán más; tal vez si lo supieran mirarían más las cosas, respirarían más hondo… a lo mejor ellos también se sentaran a soñar, como en un libro de juegos y mentiras que me invento y nunca acaba, y en el que no hace falta tener cuerpo para ser presentido. Cuidate mucho. Chao.
(*) Dime que no morimos, que sólo has ido /A calmar esta enorme sed de astros que todos tenemos (“Plegaria en el Bryce Canyon”).
3 Servidos:
La muerte supera cualquier cosa... Extrañar, quedarnos con dolores, y el peso de la pérdida.
Esta carta me llegó. Me hizo recordar cosas y gente que no mueren dentro.
-Mar
Seiempre la muerte de un entrañable amigo le queda a uno como una marca indeleble. Así me pasó a mí con la muerte de mi amigo Paolo Cappelli Gualandi a quien dediqué "Mariposas Negras para un Asesino". La pérdida de un amigo es más que perder todos los tesoros del mundo.
Adelante Gustavo!!!
J. Méndez Limbrick
Muy hermoso
Publicar un comentario