
"De dispersos a imposibles": mi reseña de la antología Retratos de una generación imposible: Muestra de diez poetas costarricenses y 21 años de su poesía (1990-2010), de Gustavo Solórzano-Alfaro, en la revista Istmo.
(Como para dar derecho de respuesta, porque en Istmo no se puede hacer comentarios...)
Words are meaningless... and forgettable.
Enjoy the silence!
Enjoy the silence!
6 Servidos:
Dijo Luis Chaves que no dejaste "títere con cabeza". Y yo dije que no guardaste el hacha hasta que la sangre empezó a corroer el hierro.
En síntesis se trata de lo mismo que otros han querido hacer más o menos desde 2007: ser severos con sus colegas para evitar la mentira y el pobrecitismo, pero tu logro sobre ellos ha sido la capacidad de explicar y desentrañar formalmente la cosa, es decir, tu severidad ha sido explicada y analizada a la luz de los hechos: somos un país de producción poética pobre, pero vale la pena seguir desyerbando la zona en pos de algo mejor.
Salute!
Álex, me alegra que alguien se acuerde al menos de los intentos del 2007.
Y sí, ciertamente G.A. aporta, además de un profudo conocimiento de nuestra tradición, lo cual siempre nos ha faltado, lucidez a nuestro panorama literario.
En el poco tiempo que tengo de conocerlo es mucho lo que me une (también lo que no), pero especialemente mucho lo que he aprendido.
Saludos
Pregunta para los Tavos (y para Álex y cualquier otro): ¿las apreciaciones críticas, atinadas o no, no forman también parte de un sistema de gustos, jerarquías y estudios personales? Me refiero al comentario de Tavo Chaves sobre la poesía de Molina, por ejemplo: lo que a vos te puede parecer un "trueque de una forma de oscuridad por otra", a alguien más, con igual sano juicio crítico (no yo, pues no conozco lo suficiente la poesía de Mauricio), le puede parecer barroquismo inusitado y genial, por decir algo. No sé si me desvío mucho, pero mi pregunta es por el efecto que tuvo una frase de Gombrich, leída y releída en su introducción a "The Story of Art": No hay razones inválidas, en esencia, para que nos guste una obra de arte, pero sí las hay (prejuicios, etc.) para que no nos guste.
¿Qué piensan de todo eso?
Me gustaría ver el texto de Gombrich completo. ¿Se consigue en Internet?
Así suelta, la afirmación se las trae. ¿Uno puede decir que cualquier razón para que algo guste es válida, pero no cualquier razón para lo contrario? Veamos, ¿cuál sería la diferencia entre decir que "Me gusta porque me produce cosquillas en las manos" o decir "No me gusta porque me produce cosquillas en las manos"?
Es interesante también porque parece privilegiar la libertad personal: "me gusta por que sí, ¿qué hay de malo en eso?" Pero si digo que "no me gusta porque rompe con la simetría clásica", ¿es posible que esté recuerriendo a un argumento flojo o falaz?
Pero repito, me gustaría leer el texto completo para dimensionar el asunto.
Específicamente sobre la frase que Gustavo (Chaves) usa, atiende a algo concreto, estructural: "esto se puede cambiar por aquello y no hay diferencia"; por el contrario, una frase como que algo es "inusitado o genial" atiende a una dimensión quizá más abstracta.
Por otro lado, son interesantes las reacciones que esta crítica ha generado. En términos generales, por lo que he escuchado de boca de autores o leído en redes y comentarios, los lectores parecen estar divididos entre un "sí pero no". Virtud del crítico para con su oficio, virtud de sus conocimientos, un respeto que se ha ganado, porque pareciera que muchos no coinciden con sus apreciaciones, pero aún así no las han rebatido, a lo mejor porque guardan un recuerdo de algunos poetas pero realmente no los han estudiado. Esto lo señala Álex en su comentario, de hecho.
También, noto que hay una tendencia a apostar por la relatividad. "Sí, lo que dice está bien, pero es solo un punto de vista". (Traducción: "No vale mucho y puede estar equivocado"). ¿Por qué no reaccionamos así cuando lanzamos dardos contra Camilo u otros autores que no consideramos de calidad? Ahí se nos sale lo gregario, ahí demostramos cómo defendemos solo nuestros intereses, pero muchas veces somos sordos a los otros.
Bueno, ya me puse a hablar de más, como siempre, a ver que opinan.
Saludos
Tavo Solórzano: No habría mejor manera de analizar esto que leyendo todos el texto original de Gombrich. Lo que puedo poner acá, para darle algo de perspectiva, es que pertenece a un libro de historia del arte que es para un público amplio, en el que el autor, un especialista con conocimientos muy amplios, pretendía que lo leyera mucha gente, especialmente los no académicos o historiadores profesionales. Por eso el libro, en estos días, es un clásico constantemente reeditado; Gombrich hace referencia en esas líneas y en los párrafos aledaños, a la pedantería de sus colegas, que no reconocen como válido que alguien pueda decir "me encanta esa pintura porque me recuerda un paisaje de mi niñez". Quería despojar de oscuridad a algo tan intrincado y "de especialistas" como la historia del arte. Si quieren, les paso el libro de Gombrich.
Tavo, anotás algo muy valioso, que no reconocí hasta ahora, como es lo específico (en cuanto a herramientas para mejorar, por ejemplo) del comentario de Tavo Chaves, opuesto a algo como lo que propuse, que es general y más subjetivo. Por ahí anda el nudo del asunto, pienso.
Si nos pasás el libro completo maravilloso.
Nuestra época se ha partido en dos: por un lado, el público general defiende su derecho a su opinión y a decir "esto me gusta porque sí y no necesito razones para ello"; y por otro, los artistas y críticos, que tienen mucho temor de decir "esto me gusta y punto", o más aún, "esto es una mierda y ya".
Ambos extremos se decantan por el impulso, por la impresión, y tampoco está mal porque a fin de cuentas da lo mismo lo que uno piense, pero sí considero que el asunto pasa, mejor, en medio de esos extremos. No hay criterios absolutos, pero tampoco todo es relativo. O más bien, es relativo a una época, pero incluso así responde a criterios y parámetros.
Hace poco leíamos un texto de Szymborska, en el que decía que los adultos se olvidan de que los juegos tienen reglas, y de que la poesía es un juego. Yo considero que los escritores quieren olvidarse de eso, de que escribir, o criticar, requiere de conocimientos y reglas. Que sean muy abiertos, flexibles o variables y que cambien cada segundo no quita que existan. Uno no consstruye un avión con la inspiración, sino con el conocimiento de la tradición aeronáutica y los materiales apropiado (si resulta un avión genial o uno para el gasto es otro tema).
A la vez, también es necesario perder el miedo y reafirmar la posibilidad de decir "Esta obra es grandiosa o esta otra no lo es". Para eso están los argumetos líricos, válidos y hermosos.
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